“(...) Mi abuelo Stefan, el papá de mi mamá y marido de mi abuela modista, era ingeniero textil. Estudió en los años 30 en París. Su familia tenía mucha plata y una  fábrica de telas en Varsovia.  Vino a América  en el último barco que partió de Europa  antes de la guerra. Vivió en Bolivia y luego en la Argentina. Tenía una fábrica de telas creo en la Tablada. Se fundió. Todos decían que por eso se entristeció. 
Mi abuela entonces armó un taller de costura en donde Stefan elegía las telas y ella diseñaba las prendas. Trabajaban para Harrods y para Etam.  Mi abuelo era muy culto, dulce y melancólico, ella una dura generala comunista. Ambos eran maravillosos.
Como mi mamá trabajaba mucho cuando yo era chica,  estaba mucho con mis abuelos en la fábrica de ropa donde pasaban el día. Tengo el recuerdo de correr  dentro de los placares  entre la ropa que  cosía mi abuela, ella cosiendo junto a las otras costureras y mi abuelo en la oficina mirando  a través de una lupa las texturas de las telas... el primer microscopio que vi en mi vida.

De mis abuelos paternos:

… Chalo, mi abuelo, era cardiólogo y fanático del arte. Nunca me llevó a una plaza, siempre al Museo de Bellas Artes.
Mi abuela, Miriam, también estudió medicina, pero nunca terminó la carrera.
Él me decía que fue para no ser mejor médica que él.
Ella sí me llevaba a la plaza con mi prima Valeria. Mis recuerdos infantiles más profundos y felices son con mi abuela Miriam y mi prima Valeria.

Tengo una imagen muy linda de la casa de ellos. Miriam en un extremo de la sala, sentada, haciendo tapices junto a la ventana del contrafrente. Luego una mesa larga junto a la cual había una cómoda muy larga también llena de campanitas que coleccionaba..
Finalmente, la segunda sala tapizada de cuadros y libros. Daba a la calle. Allí mi abuelo, mis primos y yo miáabamos diapositivas de pinturas. Mi abuelo nos tomaba examen:
-¿Quién es éste? Picasso, contestábamos
- Y ¿Quién es éste? El Bosco. (…)”

Fragmento de mail escrito por Paula Cecchi a Guillermo Roux


El hilo del tapiz

Paula Flores rojas
Liliana Shvarze Ziganerle
Lucía Rosas y lirios va derramando
Lucila Dulce aspereza
Carola La Princesa de Java
Lucía Butterflies in my stomach
Vanesa Oh, rien de rien
Nadia Deeper than fiction

Cuando pinta estas figuras articulando textura y geometría más allá de la representación, Paula piensa en términos abstractos. Figuras que no son simple realismo, porque Paula al sentir el color y la materia hace que lo representado surja del mismo acto de pintar.

La música juega un papel importante en sus creaciones. Para Shvarze Ziganerle fue la música de los Balcanes. Para Dulce aspereza el jazz moderno, música más dura. Siente esa pintura monocorde, frágil, contradictoria. En Lucía fuerte pasión, caen los pétalos de rosa. La Gitana negra (Shvarze Ziganerle) en un trono aunque no es Reina y Nadia se desarma en su forma, que Paula soñó verde profundo.

El fondo de donde parte es la síntesis emocional del modelo. Lo pone antes. Paula cierra los ojos, ve el color, la pincelada sigue a la psiquis.
A veces ajustando el dibujo, a veces abriendo a la forma. Cada trozo es un descubrimiento, nada responde a un esquema dado. Devela la figura poco a poco.
Luciía, para ella la contradicción, mezcla arena con óleo, y la pinta con los pies en el agua.
Para Nadia, Deeper than fiction, pide música de Madonna y de Carla Bruni, de Björk y de Dyango Reinhardt. Dulzura, seguridad, algo que es frágil. Paula entra en el alma del otro.
Lucía, Lila Down, ritmos, siempre los ritmos.
Gitana negra, ajusta la forma, quiere que se parezca y al mismo tiempo disfrutar del acto de pintar, ir creándola, verla nacer, partiendo de un fondo naranja. Elige los modelos, dice querer aprender de ellos, descubrirse a sí misma en la afectividad que le transmiten. Paula actúa como un medium, como una vidente. Su poderosa intuición, atención flotante atenta a lo que el modelo le transmite, no se impone a él, se deja atravesar y el fantasma entra en ella. Paula siente que los modelos elegidos son parte de ella, espacios de su interioridad.
La princesa de Java, misterio de mundos exóticos. Viene de Java, y la inunda de música javanesa que oye cuando la pinta. Atravesada por un batic de Java, laberinto. En la música no hay solistas, el yo parece perderse en extraños sonidos que se funden.
De Java viene con esta princesa la idea de que en ese mundo lejano el artista se diluye, que su yo se pierde. En el laberinto del batic cada parte es diferente, nada se repite. Silencio, ausencia, casi un estado zen que no encontramos en los otros retratos.
Lucía la fuerza, la pasión, el flamenco es lo opuesto a la princesa, oye Mayte Martín, suenan castañuelas… “soñé que estabas con otro y hasta la almohada mordía…. los celos me vuelven loco…” y para ella el fondo rojo, desafiante, tensa y pasional.
Vanesa es pura música. Oye “Callejera”, tango de las orillas y a Edith Piaf… “en el fondo de tu almita una pena sepultas…” texturas, medias de red, sexo que amenaza, pelo de fuego, fondo color vino, como en el bar de la noche. Muchas penas sin estrellas.
El hilo va mostrándonos el tapiz, las pequeñas flores caen sobre su cuerpo, la caricia transforma la superficie en terciopelo. Pinta su gracia con cera. Schvaze Ziganerle, Gitana negra, en fondo naranja tierra siena quemada, cálida, vestido verde agua, verde seco, en un trono, tensa, dominante. César Lerner, Marcelo Moguilevsky, Goran Bregovic, Yugoslavia desde la profunda y melancólica pasión y el Taller se inunda de “tiempo de gitanos”.
Deeper than fiction fondo verde. La pincelada se desarma en un signo que no describe la forma. El mundo astral de Nadia se expande, Paula lo traduce en comas, rayas sinuosas, rítmicas, materia nerviosa, taquigrafía del inconsciente. Dice la música “Butterfly in my stomach”. Lucía nace del fondo celeste, cerúleo, cobalto.
El hilo del tapiz teje la superficie.

Fondo negro de muchos negros, arañado, negro que no es negro. Negro de la profundidad del alma. Flores rojas, moradas, brazos abiertos, dulce entrega a lo inevitable, piernas pesadas, descalzas, Autorretrato.

Para Vanesa es “ Oh, Rien de rien” Edith Piaf, voz ronca de suburbio, “nada de nada” y el fondo violeta oscuro, sensual. Lugar en que el deseo y la muerte se encuentran, y vuelve Lucía, ocre y lujoso, con la voz de Mayte Martín “mientras va andando, andando, rosas y lirios va derramando”. Sentimientos comunes, sencillos, pasionales, verdaderos. Superficie de la pintura con manchas rojas. Algo se derrama en Lucía, el recuerdo del Farruquito vestido de blanco que arroja pétalos de rosas. Alegría y pasión de un fondo rojo.

En un rincón del estudio, un pequeño tapiz que hizo la abuela Myriam para Paula. Aquellos ornamentos, collares, vestidos, trozos estampados, géneros, que la abuela Myriam acumulaba en un mágico collage, son los mismos arabescos que hoy atraviesan estas figuras a las que Paula dio nueva vida.
El laberinto las atraviesa, Paula las atrapa con la aguja que teje el hilo de la memoria. Es el amor la textura de esta urdiembre.
La pincelada es signo del tejido, el hilo del tapiz.
Microscopio. Paula Cecchi descubre el microcosmos que arma un mundo desde lo infinitamente pequeño a lo más grande. Biología, Paula es médica. La mirada pegada al microscopio se asoma al misterio de la vida descubriendo, cadena de sucesos que termina por armar el cuerpo del que ama y sufre. Como cuando construye las figuras, no partiendo del contorno sino armándolas por una sucesión de espacios geométricos. En su lógica interna vibra la forma, trascendente, más allá de lo real. Los abuelos Stefan y Sonia, Polonia, guerra, peleteros, una máquina de coser, pieles, dolor. En el origen, en el hondo sentido de las pinceladas, de las manchas abiertas y cerradas, no describen, crean las formas. De esa trama del tapiz surgen las figuras, fantasmas que Paula lleva en sí, partes de ella, que teje el tapiz de su existencia.


GUILLERMO ROUX
Martínez, 19 de noviembre de 2007